dissabte, 24 de juny de 2017

blanc de cortesia


CUÁL ES LA FUNCIÓN DE LAS PÁGINAS EN BLANCO EN LOS LIBROS Y POR QUÉ TE CAUTIVARÁ
Igual nunca te habías preguntado para qué sirven estas hojas. Pues algunas contienen obras de arte
TERESA MORALES GARCÍA
ICON | El País
22|6|2017

“Son espacios que contienen dedicatorias, dibujos, caricaturas, anotaciones de trabajo… Estas anotaciones son un valor añadido de una trascendencia no siempre valorada. Individualizan al ejemplar, le dan personalidad y nos hablan de una historia paralela, en ocasiones, mucho más vibrante que el propio texto”. El que habla así es Arsenio Sánchez, restaurador de la Biblioteca Nacional de España (BNE), y premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales.
Se refiere a esas páginas en blanco, al principio o al final de la obra, llamadas páginas de cortesía o de respeto, que separan el bloque de texto de las hojas de guarda (esas que sirven para ocultar las partes menos estéticas de la encuadernación).
Un ejemplo es un poema manuscrito de Lord Byron que se encontró en una de las páginas en blanco de un libro de 1810. Cuenta el escritor y periodista argentino Cristian Vázquez en uno de sus artículos de la web Letras Libres, que mientras trabajaba en los archivos de la University College de Londres en 2006, una librera encontró un tesoro en una de las páginas en blanco de un ejemplar del libro The Pleasures of Memory, de Samuel Rogers. “El volumen había sido un regalo de Rogers, con la dedicatoria: 'Al muy honorable Lord Byron, de su obligado y fiel amigo'. Byron lo devolvió al autor con un poema de agradecimiento, que comienza con las palabras: 'Ausente o presente aún para ti, mi amigo…".
"Estaba fechado en 1812 y fue incluido en un libro de Byron cuatro años después”, explica Vázquez. Cuando le preguntamos al propio Vázquez su interés por estos espacios sin imprimir, reivindica apasionadamente el atractivo de estas páginas: “Son como el blanco de los márgenes que rodean el texto en cada página. Una página con márgenes pequeños, con un interlineado escaso, con tipografía fea y diminuta, cansa al lector, lo incomoda, lo predispone mal. Tiene una mala influencia inevitable sobre la lectura. Con las páginas en blanco pasa algo parecido. En cambio, cuando están en su lugar, brindan al lector la tranquilidad que necesita. Y, además, hay un valor agregado en la escritura manuscrita sobre las páginas de un libro que lo distingue de todos los demás ejemplares, lo hace único. Se me ocurre también la posibilidad ya no de palabras, sino de dibujos en las páginas en blanco. ¿Qué precio tendría un libro en donde hoy se hallara un dibujo de Dalí o de Picasso? Pienso en dibujitos simples, como esos que hacía Kafka en sus diarios y que hoy son tan representativos, tan icónicos”.
Pero, ¿por qué surgen estas páginas sin texto? Según el restaurador Arsenio Sánchez, estas páginas no siempre han estado en los libros. “Por ejemplo, en los códices medievales no existían y el libro comenzaba directamente, sin portadas”, explica. Pero ¿entonces? ¿De dónde procede esta costumbre?
“En los siglos XV y XVI solía utilizarse con frecuencia la encuadernación que llamamos flexible; esto es, el pergamino no llevaba tapas de cartón o madera, y las guardas no se pegaban a la cubierta, sino que iban sueltas. Lo que pudo ocurrir es que con el tiempo se acabaron convirtiendo en un elemento residual, pues al encuadernarse con tapas era necesario un tipo de guarda más resistente, pero se siguieron colocando hojas adicionales al principio. Otra posibilidad que argumente su razón de ser es que al utilizar guardas decoradas, a partir del siglo XVII, se hiciera recomendable una hoja en blanco como transición entre la exuberancia de los papeles jaspeados y la portada del libro”, explica Sánchez.
Su presencia, desde entonces, se ha ido imponiendo como un elemento del libro, tan normal, dice el propio Sánchez, como la portada. Hoy en día son habituales en cualquier tipo de edición. De hecho, como apunta Silvia Querini, directora literaria de la editorial Lumen, “cualquier libro que se precie debe incluir páginas en blanco al principio. Un libro es como una habitación, la habitación propia de cada lector. Y las páginas de cortesía del inicio sirven para adentrarnos en el texto sin prisa, con aire a nuestro alrededor”, enfatiza.
Pero no solo eso, ofrecen la oportunidad de convertir el libro en un soporte para materializar en tinta pensamientos, ideas y hasta recados. “A mucha gente le gusta poner su propio nombre a un libro de su propiedad, supongo que para evitar robos, y lo suele hacer en la primera página. También lo usan las bibliotecas para añadir datos técnicos o las típicas papeletas donde se anotan los usuarios que se lo han llevado y en qué fecha, etc. Y me imagino que habrá gente que dé incluso otros usos. Se puede escribir allí hasta la lista de la compra”, aclara el escritor argentino.
Resulta que Querini es una de esas personas que dan a esas páginas otros usos. “Personalmente, me gusta apuntar allí lo que me parece interesante del libro”.
Lo importante, en cualquier caso, es que, como ocurrió con el libro de Samuel Rogers, lo que allí se encuentre puede ser un revulsivo para clasificar ese libro como pieza única. “A veces tienen un simple guarismo que nos indica el lugar que el ejemplar ocupó en una antigua biblioteca -es decir, nos habla de sus antiguas casas- o una firma nos dice a quién perteneció. En algunos casos, contienen dedicatorias de los autores, y en otras, una receta para fabricar una tinta o de un jarabe para el mal aliento”, dice el restaurador Sánchez. Todo ello puede llegar a conferir a ese ejemplar cierta distinción porque el hecho de que un libro contenga anotaciones manuscritas o haya pertenecido a la biblioteca de algún personaje interesante (y se sepa gracias a un comentario en una de esas páginas inmaculadas) son dos criterios para calificarlo de rareza o de gran valor.
Hoy en día, como recuerda el experto en restauración de libros de la BNE, “las hojas de cortesía o de respeto se incluyen para darle mayor protección a la portada, pero también le proporcionan cierta enjundia, como si dijéramos ¡Cuidado, que ahí va un texto importante!”. Y sí, en cierta medida, hablan de una edición bien pensada, y de un trabajo muy mimado. Están ahí, para los lectores, para cuando las necesitemos y para lo que se nos antoje aunque, como señala la directora literaria de Lumen, no hay que abusar de ellas: “Es necesario un buen equilibrio entre el conjunto del texto y las páginas de cortesía. Si exageramos el vacío puede perjudicarse la armonía total”.
Y no: si te encuentras alguna en mitad del texto, no es para darle empaque a la obra. Probablemente sea un error de la impresión. Sánchez: “No suelen dejarse páginas de cortesía entre capítulo y capítulo, ni aún en los más lujosos. Lo que ocurre a veces es que si el capítulo termina en una página impar, el verso de la hoja se puede dejar en blanco, especialmente en las ediciones más cuidadas”.
Otra cosa diferente es que, por cuestiones técnicas, el libro lleve más espacios en blanco de los habituales, especialmente al final. ¿Por qué? “La estructura de los libros viene formada por pliegos. Cada uno de ellos, como mínimo, contiene 8 páginas, es decir, 4 hojas. El número total del libro tiene que ser, por tanto, un múltiplo de 8. Cuando no coincide, lo que se hace es poner páginas de cortesía. Si hacen falta 2 páginas más para cuadrar el pliego, por ejemplo, se suelen poner al principio. Y cuando es necesario un número mayor, habitualmente se ponen 2 al principio, y el resto, al final. En este último caso, y para que no quede tanto vacío y evitar demasiado blanco, en muchas ocasiones ese espacio se aprovecha para poner un colofón o similar, aunque no estuviera contemplado en el proyecto”, explica Sara Miján, de la Imprenta Miján.
¿Rarezas? Las hay. Existen ediciones que se saltan la norma de la armonía de la que hablaba Querini. Cuenta Arsenio Sánchez que una vez tuvo entre sus manos un impreso menor de solo cuatro folios que debía tener más de veinte hojas en blanco al principio y otras veinte al final. “Evidentemente, esto fue un truco del encuadernador para engordar el libro y tener espacio para dorar el lomo”, cuenta casi con ironía, reconociendo, por otra parte, que no es una táctica frecuente.
Sin embargo, a principios de 2017, saltó la sorpresa. Un libro de 266 páginas (260 de ellas en blanco), conseguía copar el primer puesto de los más vendidos en Amazon. ¿Su título? Razones para votar por los demócratas. Una guía completa. Era claro que jugaba con la ironía y que, en ese caso, las páginas en blanco no eran un soporte con tintes románticos, sino sarcásticos. “El chiste ya había sido hecho en Argentina en los 90, cuando un volumen anunciaba el plan de gobierno de Carlos Menem para su siguiente periodo presidencial, y solo incluía páginas en blanco. Supongo que, de algún modo, el de incluir estas páginas en un libro serio es un recurso aún por explotar”, advierte Vázquez.


divendres, 23 de juny de 2017

arma de foc



Disseny d' Elizabeth Perez.

dijous, 22 de juny de 2017

la ràdio i els llibres


Catalunya Ràdio aposta per la literatura amb dos nous programes, "Ciutat Maragda" i "L'irradiador", amb David Guzman.
Aquest dissabte, 17 de juny, Catalunya Ràdio posarà en antena la primera edició de "Ciutat Maragda", un programa setmanal que es dedicarà a grans noms i títols de la literatura universal. Al setembre, amb el retorn d'iCat a l'FM, s'estrenarà "L'irradiador", que es centrarà en la literatura catalana més alternativa.
Els dos programes, conduïts pel periodista especialitzat en literatura David Guzman, tenen vocació de servei públic. L'objectiu és potenciar la divulgació literària de qualitat i continuada a la programació del grup d'emissores de Catalunya Ràdio.
El programa, que es podrà escoltar els dissabtes de 23.05 a 00.00 a Catalunya Ràdio, entre el 17 de juliol i el 27 d'agost s'emetrà a les 22.05. Aquest dissabte, la primera edició parlarà de com les persones s'inicien en la lectura i en els diversos gèneres, amb l'escriptor Jordi Puntí, amb Lara Reyes, mestra de l'Escola Francesc Aldea de Terrassa, i amb cinc dels seus alumnes.
"Ciutat Maragda" parlarà de literatura i acostarà als oients grans noms i títols universals, que sovint queden en segon terme davant l'allau de novetats bibliogràfiques. Cada programa tindrà com a fil conductor un gran autor o autora, clàssics o moderns, llibres de sempre i títols d'ara. A més de glossar-los des de diferents disciplines, es resseguirà la influència, la vigència i el sentit de la seva obra amb comunicadors literaris, escriptors i col·laboradors que aportaran la seva visió sobre la literatura del passat i els títols del present.
David Guzman conversarà sense complexos, de manera didàctica i divulgativa, sobre autors com Thomas Mann, Hawthorne, Natalia Ginzburg, Maria-Mercè Marçal o Lewis Carroll, a través d'excursions a la literatura actual i amb l'entrada de seccions i espais que abracen diferents aspectes del fet literari.
El programa, que tindrà en compte tots els agents implicats en la divulgació literària, descobrirà les fases del procés d'editar un llibre amb l'espai "L'ofici de fer llibres". També coneixerà la veu dels traductors, els grans autors catalans a l'estranger i els grans autors estrangers a Catalunya a la secció "El català universal". Amb "Club de lectura col·lectiva", farà territori amb l'activitat d'un club de lectura en xarxa amb diferents biblioteques de Catalunya i amb recomanacions infantils i juvenils en complicitat amb escoles i instituts. I també escoltarà les recomanacions sense prejudicis de nens i nenes, que actuaran com a prescriptors a "Lletra menuda".
El nom del programa, basat en la terra mítica on viu el Màgic d'Oz, és on han d'arribar la Dorothy i els seus amics per aconseguir els seus somnis. El mag simbolitza la capacitat infinita de les ficcions literàries: l'art com a artifici, la il·lusió de fer creure per mitjà de procediments d'estil, d'estètica i d'experiències.


dimecres, 21 de juny de 2017

en el principi va ser la cançó


Per què Islàndia? Has trepitjat l’illa en moltes ocasions? És l’escenari un personatge més de la història? A Islàndia no hi he estat mai, ni tampoc és un lloc que tingués unes ganes especials de visitar abans d’escriure El silenci del far. Vaig triar Islàndia perquè el llibre té el seu origen en una cançó d’una cantant islandesa, l’Emiliana Torrini. A part de la inspiració, també hi ha el fet que em convenia un entorn fred i inhòspit per fer-hi moure els meus personatges. Tenia la idea d’Islàndia com un territori extrem, com la fi del món dins el món. Efectivament l’ambient, el clima, la solitud són elements de l’entorn que s’acaben comportant com un personatge més i, per tant, condicionen els altres.
Per fer ciència cal dominar les lletres. Entrevista a Albert Juvany. ICS, 30 anys, 30 veus. 22|4|2015. 




dimarts, 20 de juny de 2017

a bouillon



Libros de geografía, viejos atlas, obras que versan sobre cultura, pueblos y regiones. Todos datan de los siglos XVIII y XIX y han permanecido intactos durante los últimos 200 años, encerrados en una biblioteca particular en Bouillon, un pequeño municipio belga, cercano a la frontera con Francia y con mucha historia a sus espaldas.
Hasta esta zona cercana al río Semois, cuna de Godofredo de Bouillon, héroe de la Primera Cruzada en Tierra Santa (1096), llegó para refugiarse un intelectual que huía de la Revolución Francesa. Y no lo hizo solo. Entre su equipaje había 182 libros raros que protegió con esmero.
La colección cuenta con un viejo atlas de Abraham Ortelius. Este cartógrafo y geógrafo de Amberes, conocido como el “Ptolomeo del siglo XVI”, fue el padre de la cartografía flamenca junto con Gerardus Mercator. El libro descubierto ahora data de 1575 y es considerado el primer atlas moderno.
Sólo fueron impresas un centenar de copias en su momento, lo que convierte a este libro en una obra de excepcional valor histórico que se estima que tiene un precio mínimo de entre 40.000 y 45.000 euros.
Los libros contienen descripciones excepcionales de países, regiones, pueblos y culturas de los lugares más exóticos. La biblioteca que permaneció escondida al pie del imponente Castillo de Bouillon, el ejemplo más antiguo de arquitectura feudal en Bélgica, construido en el siglo VIII por orden de Carlos Martel, y ahora será subastada.
La puja, en la que podrán participar compradores de todo el mundo, se llevará a cabo este mismo martes 20 de junio. A la espera de ser vendidos, todos los libros se pudieron admirar a finales de la semana pasada en una exposición que se realizó en el Hotel de Ventes Horta de Bruselas.

David Ruiz Marull. La biblioteca que pasó 200 años oculta. La Vanguardia. 19|6|2017.


dilluns, 19 de juny de 2017

el millor violinista del món


Cuando anteayer Julio volvió a repetir que era el mejor escritor del mundo, pensé en un relato inacabado de Dostoievski, leído en una vieja antología de cuentos que perdí hace años. En ese cuento un joven violinista ruso  de provincias se considera el mejor músico del mundo y viaja a Moscú porque su ciudad natal se le ha quedado pequeña. En la capital encuentra trabajo en una orquesta, pero es despedido pronto. Encuentra trabajo en otra, pero también de ahí le expulsan. Excesivo engreimiento, simple ineptitud musical. No se sabe por qué causa u otra, quizas por varias al mismo tiempo, termina siempre fuera del mundo laboral. Nadie reconoce su talento, salvo una pobre sirvienta enferma que, enamorada de él, no quiere contradecirle cuando él le recuerda que es el mejor violinista del mundo. La muchacha, que, a escondidas de sus amos, le alberga en su buhardilla, le pasa dinero, el poco del que ella dispone, para que él pueda seguir en su lucha por ser reconocido. Cuando la pobre sirvienta ya no puede sufragarle la errancia (y la jactancia), vemos al «mejor violinista del mundo» pasear perdido por las calles del duro Moscú invernal, le vemos detenerse frente a los carteles que ofrecen al paseante la programación musical de la ciudad: carteles en los que nunca figura el nombre del mejor violinista del mundo, del violinista insuperable que nadie sabe ver. Se comete una injusticia con él, sigue pensando el músico. Y aquí se interrumpe el cuento o, mejor dicho, ahí lo interrumpe Dostoievski. Quizás era innecesaria la continuación, porque ya estaba todo narrado.

Enrique Vila-Matas. Mac y su contratiempo. Seix Barral, 2017. P. 235-236.

diumenge, 18 de juny de 2017

dissabte, 17 de juny de 2017

el darrer refugi


«Soc de la darrera generació que ha tingut la dèria i la voluntat de tenir una biblioteca personal. En aquest sentit (i potser en alguns més), soc un home del passat. Això no és cap mèrit ni cap defecte, és una descripció. Quan t'has enfrontar a una mudança de casa com és ara el meu cas t'adones que existir és una acumulació de coses, entre les quals hi ha aquests objectes impresos que ens multipliquen la vida. Confesso que soc un malalt dels llibres, no només de llegir­-los també de tenir-­los, comprar-­los, acumular-­los, tocar­los. Sóc un fetitxista del paper enquadernat: no vull revestir­-ho de cap aureola romàntica ni de cap mistificació excessiva. Soc d'una generació i d'una classe social per a la qual els llibres són –van ser– la clau per accedir a una forma concreta i sòlida de llibertat i progrés. 
Ho tinc una mica parlat amb algun dels meus amics, també fills com jo de la dècada dels seixanta del segle XX i d'una classe treballadora que es va convertir en classe mitjana modesta en la darrera etapa del franquisme i la transició. Nosaltres dones i homes entre els quaranta i pocs i els cinquanta som els últims ciutadans que hem volgut fer-nos una biblioteca personal a imitació (a petita escala) de les biblioteques dels savis i les d'alguns rics. També som els primers de moltes famílies que hem tingut els recursos, el temps i la formació per envoltar­-nos de llibres.
La constatació és il·luminadora: els meus pares no van tenir biblioteca i els meus fills tampoc en tindran, molts dels meus coetanis i jo som una estranya excepció. Som un parèntesi. Som una relíquia d'un afany cultural i vital, entre els llibres preciosos que no es podien comprar i els llibres invisibles disponibles a la xarxa. Som la generació biblioteca, uns humans que aspiràvem a emancipar­-nos tot llegint i omplint la casa de llibres. Entre la precarietat material dels nostres pares i l'opulència tecnològica dels nostres fills, som el testimoni d'una forma de viure filla de la impremta de Gutenberg, de la Il·lustració i del quiosc del barri.També som fills del cinema i la televisió, esclar. Però els llibres eren una altra cosa: formaven part indispensable d'això que els experts i els polítics anomenen l'ascensor social.
El llibre es va popularitzar i es va fer assequible quan nosaltres anàvem a l'escola. Durant la nostra infància, les caixes d'estalvis regalaven llibres el dia de Sant Jordi, fins i tot alguns títols que ara semblarien "poc comercials". La societat de consum feia possible que l'alta cultura fos venuda en els envasos de la cultura de masses. Els meus pares es van fer socis de Círculo de Lectores i això va canviar el menjador de casa. També van comprar dues enciclopèdies a crèdit (Gran Enciclopedia Larousse i Gran Enciclopèdia Catalana) i mai em van dir "no" si demanava diners per un llibre. Tenir llibres era tenir una cosa de valor. 
La meva biblioteca va anar creixent des dels anys d'adolescència. Acumular llibres era com acumular experiències. A la casa d'una de les meves ties, hi havia el que més s'assemblava a una biblioteca personal i jo, des de sempre, observava fascinat aquells prestatges atapeïts, resseguia els títols tot llegint-­los en veu alta, com si pronunciés un conjur. Aquell espai era l'església d'una religió a la qual podies apuntar-­te lliurement, però ningú no t'explicava quins manaments havies de seguir. N'hi havia prou de llegir i voler llegir sempre més, perquè un llibre et portava a un altre llibre, i era un enorme plaer descobrir els passadissos secrets entre els llibres que tenies a l'abast. Igual com era un passatemps obrir qualsevol volum d'una de les enciclopèdies i llegir a l'atzar. Encara no s'havia inventat Google i havies de passar moltes pàgines per trobar el que cercaves; hi havia el plaer de perdre't i de descobrir coses inesperades. La curiositat podia allargar la cerca molta estona.
Ortega y Gasset va escriure que cada generació té la seva "històrica missió", a vegades incomplerta. Desconec quina missió tenim (o teníem) els que vam venir al món durant els seixanta, però tot fugint de les solemnitats del pensador espanyol és evident que nosaltres vam ser els primers (a la major part d'Europa occidental) a gaudir un progrés material i moral que pretenia conjurar els mals que havien devastat les generacions precedents. Malgrat la por a la destrucció nuclear pròpia de la guerra freda i la crisi del petroli del 1973, vam créixer gronxats per una idea positiva del futur, que era avalada per les expectatives favorables de creixement econòmic i per l'accés generalitzat als béns de consum. En aquest context, l'ideal de la biblioteca personal va esdevenir una utopia factible i una manera de construir protegir la identitat individual. Una conquesta petita però estimable. Un refugi. Una àncora en la civilització.
Estic condemnat a preservar els meus llibres com el tresor d'un temps efímer que va semblar etern. Fins que em mori: llavors, tots aquests papers que donen un sentit a la meva vida acabaran en mans del drapaire.»

Francesc-Marc Álvaro. El darrer refugi. La Vanguardia. 18|5|2017.


divendres, 16 de juny de 2017

bloomsday




dijous, 15 de juny de 2017

sense bitllet de tornada


¿Llegir és viatjar sense sortir de casa?
Si ho fos seria menjar lletres com qui menja crispetes
XAVIER ANTICH
Ara. 11/06/2017 

Si ho fos, seria una enganyifa. L’autèntica lectura ens porta tan lluny de nosaltres mateixos que, quan hi tornem, ja no som capaços de reconèixer-nos. Ens retrobem canviats a nosaltres mateixos, i de manera radical; si no, per què llegir?, com es preguntava Franz Kafka, far inapel·lable quan es tracta de la lectura de veritat. I no només hem canviat nosaltres: ha canviat completament el lloc en què ens trobàvem abans d’obrir el llibre. Les lectures que valen la pena són aquelles després de les quals la casa on érem ja no hi és, o hi és d’una altra manera, tan canviada que la sentim com una altra, però ja no com a nostra.
No hi ha experiència estètica, pròpiament dita -i la lectura d’un llibre, quan és de veritat lectura, ho és de manera eminent-, si no es produeix, en cert sentit, un desarrelament. Llegir ens porta a altres mons diferents del nostre, a uns altres paisatges, a uns altres temps: la sensació estètica, a diferència de la sensació perceptiva, sempre ens arrenca de nosaltres mateixos, del nostre lloc i del nostre temps. I, de retorn a nosaltres, després de les lectures que ho són de debò, ni nosaltres, ni el lloc, ni el temps continuen sent els mateixos. La commoció de l’experiència de la lectura sempre ho devasta tot: obre un món desconegut abans de la lectura fins a l’extrem que el món que habitàvem ha esdevingut un altre.
Hi ha, és cert, lectures amb les quals no res canvia res. Però són lectures merament nutritives, ornamentals, prescindibles. Poden simular que ens porten lluny, però no ens mouen de lloc: confirmen el que érem, el que pensàvem, i, en realitat, per això, no ens han fet sortir de casa. El viatge de la lectura, en aquests casos, és de fireta, com el viatge enganyós dels infants en els cavallets de festa major: per uns minuts es produeix la sensació narcòtica de volar, navegar o córrer, però no és més que un miratge, perquè la plataforma no ens ha deixat marxar del centre que ens lliga. Són lectures de poruc, pròpies d’aquells que no s’atreveixen a anar de viatge si no és amb el bitllet de tornada comprat abans de sortir.
Però amb les lectures de veritat, quan ens confrontem al risc de les grans obres i d’obres grans, no tenim bitllet de tornada. Ni sabem quan tornarem, ni com, ni on. Sense aquesta incertesa a la qual ens aboquen els llibres que val la pena llegir, la lectura no pot passar d’un simple entreteniment: quan és així, sí, és cert, llegim sense sortir de casa. I, després de la lectura, potser tenim la casa amb algun gerro de flors nou, però són de plàstic. Però quan ens cau a les mans un llibre d’aquells que no podrem oblidar, la lectura ens destrossa i opera en nosaltres, i en la casa a la qual ja no podem tornar, una metamorfosi digna dels càstigs més esborronadors cantats pels versos d’Ovidi.
Aquesta és la immensa força ètica de l’autèntica literatura. Ho va dir Emmanuel Lévinas, quan va oposar el viatge d’Abraham a l’altre, tan confortable, d’Ulisses. I és que a diferència d’Ulisses, per a qui tot el seu periple no va ser sinó un retorn ajornat a la seguretat de la llar pròpia, Abraham va portar fins al final l’imperatiu radical que alena en tota lectura, l’experiència de l’alteritat per excel·lència: “Ves-te’n del teu país, de la teva família i de la casa del teu pare”. Sortir de la terra pròpia, del propi clan, de la casa pròpia. I per no tornar-hi, perquè, si el viatge és de veritat, de tot allò ja no en quedarà res.
¿Llegir és viatjar sense sortir de casa? Au va, home, va, això no és llegir! És menjar-se lletres com ens cruspim crispetes. Però què volem: fomentar la lectura o el consum de crispetes?

dimecres, 14 de juny de 2017

dimarts, 13 de juny de 2017

salconduits planetaris


[...] Para lugares seguros, las bibliotecas públicas. El primer espacio de esperanza en la selva de asfalto. En cualquier gran ciudad, la biblioteca quintuplica el número de carnets de socios del mayor club de fútbol. Todos los días pasan cosas, pero no hay ninguna noticia de bibliotecas en los medios de comunicación. Allí conviven todas las generaciones, los géneros, las tribus urbanas. En ese espacio común no hay separadores ni separatistas. Es un lugar de encuentro, donde todos somos iguales. Es un lugar presencial, pero también íntimo, donde vivir la felicidad clandestina de abrir lo desconocido. Hay dos obras muy queridas, leídas con felicidad clandestina, que podrían estar escritas en tinta invisible y que llevan esa marca en el título: Paradero desconocido, de Kressmann Taylor, y Carta de una desconocida, de Stefan Zweig. En Barcelona, hablando de abrir pasos en lo desconocido, Elisenda Figueras, que fue bibliotecaria, me cuenta que muchos inmigrantes sin papeles, el primer “pasaporte” que obtienen es el carnet de una biblioteca. Haroldo Conti llevaba siempre consigo un certificado de náufrago. Asesinado por la dictadura en Argentina, su literatura, genial y náufraga, habita hoy en lo desconocido. El carnet de biblioteca o el certificado de náufrago, he ahí documentos de identidad universal. Deberían servir de salvoconductos planetarios.


De vez en cuando me invitan de un colegio o instituto para hablar de literatura. Antes me daba pereza, ahora voy con una cierta alegría. Por lo que pueda compartir y por lo que aprendo. De mayor, me gustaría ser estudiante. Y a los estudiantes la estupefaciente política educativa les está substrayendo los saberes humanísticos, empezando por la literatura y la filosofía. Quizás como compensación, la gente joven quiere participar, pregunta muchísimo. Recuerdo mi primera escuela, donde el maestro era un déspota bastante histérico, como suelen ser los déspotas. Allí no había lugar a preguntas por nuestra parte. Preguntaba el maestro reforzando la pregunta con la elocuencia de la vara. Pero un día se le ocurrió preguntarnos que qué queríamos ser de mayores y fue tal el silencio que quedó desconcertado. Pero siempre, siempre, hay un valiente. Y fue Antonio, El Rubio, el que gritó desde el fondo del aula: “¡Queremos ser emigrantes!”. Y ya no hubo más preguntas. Ahora encuentras en los colegios una agitación positiva de chicas y chicos preguntando. Y con esa señal inequívoca de libertad que es el humor. El otro día, hablando de “la boca de literatura”, un chico que parecía muy tímido levantó el último la mano y preguntó: “¿A ti te gustan las alcachofas?”.


Hablando de preguntas. Al final de un coloquio en el que participaban voces de lo que se da en llamar “nueva política”, un viejo libertario que se parecía a Beckett pidió la palabra y dijo: “Compañeros, estáis cometiendo los errores equivocados”.

Manuel Rivas. La geografia del miedo. El País semanal. 11|6|2017.


dilluns, 12 de juny de 2017

paraula de dentista


«Molts el coneixeran amb bata blanca, i una mola o una sonda d’exploració als dits. Però darrere 17 anys d’exercici de l’odontologia, 15 dels quals al CAP de Santa Eugènia, s’hi amaga una passió pel món de les lletres que sempre ha acompanyat Albert Juvany (Vic, 1974). Ara l’ha pogut exterioritzar per primera vegada debutant com a novel·lista amb ‘El silenci del far’ (Edicions del Periscopi).
La història, molt ben empastada, està protagonitzada per una jove bibliotecària, adoptada, que després de rebre una carta signada per “el teu pare que t’estima” busca respostes en el seu passat, a voltes tràgic. L’argument i la ubicació –Húsavik, un petit poble de pescadors d’Islàndia– pot fer pensar en una novel·la negra en la línia de les escriptores sueques Camila Lackberg o Maj Sjöwell. “M’ho han demanat, si havia volgut aprofitar l’embranzida de la novel·la nòrdica, però no és així. El lloc és absolutament casual”, reconeix Juvany. La ubicació respon, simplement, a una cançó de la cantant islandesa Emiliana Torrini. “El que explica aquesta cançó em va inspirar”, revela. A partir d’aquí, “necessitava construir una història en què l’ambient i el clima actuessin com un personatge més. Un lloc que fos inhòspit, fred, amb gent solitària…”.
Juvany, que actualment viu a Granollers, fa el seu debut literari sense partir d’uns referents clars. “És evident que vas pessigant de tot arreu, agafes coses d’aquí i d’allà i, de mica en mica, vas creant el teu estil”, reflexiona. A la novel·la, on mostra bon domini dels ritmes i no permet al lector abaixar la guàrdia, no li cal recórrer al seu bagatge com a professional de la salut. En canvi, sí que tira dels seus coneixements musicals, un altre dels seus hobbies. “Això de la música té una explicació”, admet. “Sempre que miro d’imaginar una escena l’he de relacionar amb alguna cançó”. Cada escena té una música al darrere, “ja sigui per la lletra, per la sonoritat…”; una música que continua tenint “al cap” quan es posa a escriure.
Juvany, que ha anat embastant la novel·la durant tres anys, no té pressa a tornar a publicar. “Tinc alguna cosa escrita, algunes idees al cap, però ja ho veurem”, deixa anar, conscient que, per ell, escriure “m’ha de servir per disfrutar-hi”. Com aquesta primera novel·la, nascuda “de la simple emoció de fer-la”. Ho diu algú que pot donar fe que escriure un llibre és molt més complex que arrencar un queixal. Paraula de dentista. I de novel·lista.»

Miquel Erra. El vigatà Albert Juvany ambienta a Islàndia el seu debut literari. El 9Nou. 3|5|2017.


diumenge, 11 de juny de 2017

kallos graphein



La librería Alcuino Caligrafía&Arte se encuentra ubicada en Urueña, en la provincia de Valladolid, formando parte de la primera Villa del Libro que se establece en España. Nos dedicamos a la investigación, la docencia y la divulgación de la caligrafía (kallos graphein), desde sus orígenes hasta la actualidad. Y deseamos transmitir la pasión por este antiguo arte, tan hermoso como exigente, alentando a utilizar la escritura como un acto de creación y de goce personal.
Entre nuestros fondos, disponemos de:
– Materiales específicos para caligrafía, decoración e iluminación de manuscritos:
· plumillas y palilleros para todos los tipos de letra, plumas de ave, cálamos, tinteros · tintas, acuarelas, gouache, pigmentos, pinceles · pergamino, papiro, papeles artesanal
· materiales para la decoración y el dorado: pan de oro, gesso (y los materiales para realizarlo), bruñidores...
– Libros para el aprendizaje de la caligrafía en todas sus formas históricas, y también contemporáneas.
– Estudios sobre manuscritos y calígrafos relevantes, estudios sobre tipografía.
– Otros productos: reproducciones de manuscritos, reproducciones de arte, marcapáginas, objetos de escritorio.
Realizamos por encargo cualquier tipo de trabajo de caligrafía y de decoración: reproducciones de manuscritos antiguos, de capitulares, diplomas, conmemoraciones, homenajes, invitaciones, etc.
Caligrafía y decoración de manuscritos aplicados a superficies y objetos variados: caligrafía en paredes, dedicatorias en libros, textos personalizados y cualquier otro material que nos sugieran: madera, tela, cristal, etc.